¿Quién es Amaya Marichal?
Oriunda de Coatzacoalcos, Veracruz. Nacida en plena crisis en el año de 1979. Licenciada en Relaciones Internacionales. Fanática del equilibrio. Apasionada de los viajes, los libros y el desmadre. Criticona incorregible. Orgullosa mexicana.
¡Bienvenido!
Mi mundo es único. Está lleno de libros y de playas. Está repleto de batallas adolescentes. Se sumerge en un mar de tíos y primos. Además, aunque parezca raro, es azul y violeta por todos lados.
Mi mundo tiene influencia cubana. Le gustan los colores vivos, es vernáculo pues. Comparte versos con Benedetti y con Sabines. Su guía es Chomsky. Y a veces platica con Saramago y filosofa con Coelho. Aunque se ríe de buena gana con Ibargüengoitia.
Mi mundo lleva un pedacito de Francia en el corazón. Y le gusta el mariachi. Y se deleita con el flamenco. Y canta en italiano. Se rodea de fotografías y recuerdos. De palabras extranjeras. De literatura universal. De amigos de colores. De canciones frías y calientes.
¡Ven, te invito a mi mundo!
- Amaya.
On line: amayamarichal.blogspot.com
CONFIANZA...
"Tanto la confianza ciega como la desconfianza absoluta son irracionales”
- Claus Offe
En los últimos días me he puesto a pensar en varias ocasiones acerca de la importancia de la confianza para el ser humano. Después de observar las experiencias propias y de personas cercanas a mí, surgieron algunas ideas que me gustaría compartir.
En primer lugar me parece evidente que la confianza constituye un elemento primordial en la construcción de relaciones sociales saludables y exitosas. Creo que hasta aquí todos estamos de acuerdo. Al igual que la comunicación, la confianza forma parte del kit básico para tener una relación honesta y duradera.
Sin embargo, hay ciertos puntos con los que no todos estamos de acuerdo. Me refiero particularmente a la disposición a confiar. Creer en la gente. Dar el primer paso. No todos estamos dispuestos a depositar nuestra confianza sin garantía alguna. 
Normalmente hay toda una serie de evaluaciones y cálculos donde hacemos uso de toda la información disponible, sin dejar de lado los aspectos afectivos. Sin embargo, dichas evaluaciones representan frecuentemente una trampa, puesto que llevan consigo una fuerte carga de prejuicios que no dejan ver la situación de manera objetiva e integral, con todos sus pros y sus contras. Estos sesgos se transforman en desconfianza. Desconfianza que puede llegar a la irracionalidad.
En este sentido, me parece paradójica la posición en la que se encuentra la confianza en nuestro sistema de valores. Por un lado, es evidente que la mayoría de nosotros consideramos a la confianza como el eje de las relaciones humanas, pero, al mismo tiempo, mostramos una terrible incapacidad de confiar en los demás. ¿Por qué somos tan desconfiados? Es lógico que nadie quiere perder. Sin embargo, no hay que olvidar que la confianza es un proceso que se construye poco a poco. Es un juego en el que participan por lo menos dos personas y alguien tiene que empezar. ¿Por qué no lo hago yo?
Creo que la clave está en aprender a escuchar. Pero no me refiero al hecho de detectar los errores ni los puntos débiles de los demás, sino a comprender sus argumentos y sus acciones. De esta forma resulta un poco más fácil dar el primer paso para establecer sólidos lazos de confianza.
A veces para creer en los demás debemos comenzar por nosotros mismos. Confiar es dejar a un lado nuestros miedos e inseguridades. Es olvidar los fracasos del pasado. Es ser empático y ponerse en los zapatos del otro. Es arriesgarse a perder. Pero también es ganarlo todo...
- Amaya













